En este artículo te presento una historia que comparte dos aspectos de los muchos que rodearon mi vida al vivir y trabajar en Sri Lanka: las dificultades con los trabajadores locales y los numerosos personajes que conoces trabajando en hostels.
Para ponerte en situación, estaba recién llegado a Sri Lanka y hacía poco más de un mes que había comenzado mi trabajo dirigiendo un hostel en la capital Colombo.
Te aviso que esta historia es un tanto rocambolesca.
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Toggle1. Lo más difícil de trabajar en Sri Lanka
En mi opinión, trabajar en Sri Lanka con los locales puede ser todo un reto, especialmente si acabas de llegar al país y te estás habituando a la cultura como era mi caso.
Personalmente, al comenzar el trabajo en el hostel de Colombo una de las cosas que más me impactó de vivir en Sri Lanka fue la forma de posponer tareas, la actitud hacia el trabajo y una general falta de anticipación.
Por otro lado, también encontré muchas cosas positivas y me pegué la paliza currando hasta que, mes y medio después de esta historia, el dengue de Sri Lanka me obligó a parar la máquina.
Llega el momento de presentarte a Dean – nombre modificado –, un entrañable tipo local que trabajaba en la recepción con el que seguramente te echarías unas risas, bien majete como la inmensa mayoría de locales de Sri Lanka.

Al poco tiempo de mi llegada realicé una serie de ajustes a la operativa y procedimientos del hostel para una mayor precisión los cuales nuestro protagonista Dean comenzó a no respetar.
Implantadas estas mejoras, el equipo se puso las pilas pero Dean comenzó a flojear no adaptándose y pasando de ciertos procedimientos, creando situaciones complicadas que afectaban al equipo, llegando siempre tarde y posteriormente casi siempre bajo los efectos del cannabis.
Hablar con él y explicarle algo era como hablar con una pared.

Traté la situación con Dean un par ocasiones sin resultados por su parte. Dean era el más joven del equipo, le gustaba pasárselo bien como a todos y no tenía ninguna responsabilidad a su cargo.
Además, le había dicho a los otros compañeros que le daba igual el trabajo y que si Miguel le despedía, iba a f*** him.
2. La resolución tras charlar con él un par de ocasiones
El tema con Dean se volvió insostenible para todos así que comenté al director de operaciones mi intención de terminar la relación laboral (despedirle vamos).

Con parsimonia, lo cual me chocó, mi jefe me comentó que no era tan fácil despedir en Sri Lanka y que tenía que consultarlo. Añadió que Dean era hijo de alguien y que así es como había conseguido el trabajo.
Vaya sí, un enchufado de toda la vida, hijo de un pez gordo que está complicando el trabajo a los demás y pasaba de todo.
Siguiendo las instrucciones de mi jefe, no comenté nada a Dean, lo cual generaba un ambiente de trabajo rarísimo.
Poco podía hacer por el momento a no ser que tuviese motivos más sólidos.
3. Hasta que llegó el día adecuado
Y ese día fue cuando hizo check-in en el hostel una cliente de Ucrania justo en el momento en el que yo pasaba información a Dean, a punto de terminar mi turno y dispuesto a irme a comer.

Durante el check-in la chica ucraniana preguntó por recomendaciones de restaurantes cercanos y le di varias opciones, entre ellas al que me dirigía yo. Me preguntó que si podía venir conmigo y le dije que sí.
¿Te has quedado en hostels verdad?
En este tipo de alojamientos hoteleros la línea entre los clientes y los miembros del equipo tiende a ser borrosa, y es lo que los hacen tan especiales.

La chica ucraniana tenía exactamente mi edad, era bastante atractiva y risueña, aunque también tenía algo de rarita que empecé a notar mientras caminábamos en dirección al restaurante.
Atención que cuando te digo restaurante me refiero a un lugar tan habitual allí, un tanto cutre pero con su encanto y con una comida increíble.
La chica acababa de aterrizar en Sri Lanka así que pensando que quizás querría experimentar algún sitio tradicional nos dirigimos al Hotel Pilawoos en Bambalapitiya, en Colombo 4, mi restaurante local habitual por aquel entonces.
Llegamos a Hotel Pillawoos donde recomendé a la chica algo y pedimos la comida.
Y aquí empezó otro grueso de la historia cuando charlando con ella, le pregunté que qué le había traído a Sri Lanka, que cuál era la motivación de su viaje.
Con una sonrisita en su cara risueña me respondía en inglés, quedando así la conversación:
Yo: ¿Qué te ha traído a Sri Lanka?
Ella: Sponsors.
Yo: ¿Cómo que sponsors?
Ella: Sí, tengo sponsors.
Yo: ¿En plural?
Ella: Sí, varios. Algunas veces tengo solo uno, otras varios. No sé.
Yo: ¿Pero a qué te refieres con sponsors?
Ella: (se ríe y se lo piensa un poco)…Hombres.
Yo: ¿Quieres decir que vienes a ver a sponsors y que ellos te pagan los gastos del viaje?
Ella: Sí, el vuelo y los gastos. Otras veces me pagan el hotel, pero esta vez no.
Yo: ¿Pero eres influencer o modelo?
Ella: No.
Y tras una conversación que se tornó de besugos vino a mi mente la idea de que estaba comiendo con una prostituta de alto standing.
No recuerdo exactamente que contesté pero sí que desvíe la conversación, posteriormente terminamos la comida y nos fuimos.
Debo decir que la chica, si bien atractiva, era todo un personaje y tenía sentido del humor.
4. Trabajando en hostels se conocen muchos personajes
Al regresar al hostel nos separamos y cada uno se fue a hacer sus cosas.

Varias horas después ya por la noche bajé al área común (sí, vivía en el hostel) y la chica ucraniana estaba allí junto a otros clientes, donde nos quedamos todos charlando.
Poco después nos quedamos la chica, un par de clientes más y yo. Entre conversaciones, le dije que tenía un tirón en el cuello y de repente, la chica ucraniana me comenzó a dar un masaje.
¿Y qué quieres que te diga? Uno es hombre y son los riesgos de la vida de hostel. Además, no le había dado toda la importancia que merecía a la situación del restaurante.

Al rato nos quedamos ella y yo solos y me preguntó si podíamos subir a mi habitación.
¿Tú que habrías hecho?
Llegamos a mi habitación y nada más llegar me pidió una toalla para darse una ducha.
Una vez se encontraba dentro del baño me pidió que le diese algo (no recuerdo el qué). Antes de entrar, pregunté si podía pasar a lo cual respondió que sí. Desde fuera y discretamente le di lo que me pidió y me invitó a mirar.
¡PUM! La situación me chocó demasiado. En este momento puede ser que estés presuponiendo lo que pasó a continuación pero no.
Llámame inocente pero estaba completamente flipando con la situación y con la chica así que me fui por donde vine.
Aproveché para irme a fumar y meditar la situación:
Miguel tío, tienes una chica en la habitación y la vas a cagar. ¿Y si es una prostituta de verdad?
Por lo que tras un breve diálogo interno volví a la habitación para encontrármela… ¡desnuda tumbada en mi cama!
Damn, eso me cogió completamente por sorpresa. No estoy acostumbrado a situaciones de semejante calibre.
La chica, o la situación, imponía, y teniendo en cuenta que podía meterme en un buen berenjenal opté por dirigirme al armario, coger una sudadera y dársela mientras le decía: yo también tengo un sponsor.
Pocas semanas antes de comenzar mi aventura profesional en Sri Lanka, realicé una auditoría SEO y SEM de la página web de una tienda de patines en el centro de Madrid.

Años antes me hubiese gustado formar parte del equipo patrocinado de aquella tienda y así se lo dije al propietario.
Después de la reunión me regaló una camiseta y una sudadera de la tienda y me dijo que si patinaba en Sri Lanka que le enviase algún material como Brand Ambassador. Y tan contento, me llevé la sudadera y la camiseta a Sri Lanka aunque no me llevé los patines.
Así que yo también tenía un sponsor. Y me quedé más chulo que un ocho, expresión tan típica madrileña, al decírselo tal cual te lo he escrito mientras le entregaba mi sudadera seguido de un “tápate”.

La chica comenzó a argumentar que lo de sus sponsors era broma pero si te soy sincero, tenía un mal rollo en el cuerpo ante tal situación que no te puedes imaginar.
Le pedí que se fuese a otra cama (y sí, viví en un dormitorio con 10 camas para mi solo durante casi 5 meses) y me fui a dormir.
5. ¿Tú qué habrías hecho?
Por otro lado, pensarás que me estoy olvidando de Dean, ¿cierto?
Por la mañana me desperté cuando la chica se tumbó a mi lado. Sonó su teléfono y comenzó una conversación en inglés con alguien.
En aquella conversación la chica estaba quedando con alguien en el centro de Colombo para comprar marihuana.
Colgó la llamada y le pregunté que quién era. Me dijo que un amigo y para mi suerte, creí haber escuchado una voz familiar así que jugué a la psicología inversa.

Bromeando le pregunté varias veces si la persona que llamaba era alguno de sus sponsors y ella, con la finalidad de hacerme olvidar lo de sus sponsors me enseñó el registro de llamadas en la pantalla de su teléfono.
6. La última llamada
¡Bingo! Ahora sí, la gota que colmó el vaso. Reconfirmé con ella que era Dean el que trabajaba con nosotros y sí.

Dean vendía marihuana a los clientes y a saber cuántas veces lo había hecho anteriormente.
Con la noticia me dirigí a mi jefe y sin dar muchos detalles de cómo había conseguido la información, recuerdo perfectamente su cara al escucharme. Era como si ya se lo supiera.
Mi jefe me pidió discreción y reconfirmó que efectivamente había que despedir a Dean cuanto antes, añadiendo que él se encargaría.
Dean duró una semana más.
Y me tocó cubrirle el turno de noche. ¿Quieres seguir leyendo historias reales? Esta comienza según salgo de trabajar su turno de noche.
Entiendo que no se hizo inmediatamente ya que mi jefe tuvo que hablar con la familia de Dean, algo muy común a la hora de llevar a cabo un despido en Sri Lanka.
De hecho, un año y pocos meses después de este episodio la familia de alguien con quien terminamos la relación laboral vino a amenazarme al trabajo en Unawatuna. Pero eso me lo reservo para otra historia.

Efectivamente el tema de vender droga a los clientes fue inadmisible por muy enchufado o hijo de alguien que fuese Dean.
En Sri Lanka la marihuana y similares son muy mal vistos socialmente aunque como en todos sitios una gran parte de la población la consume.
Esta historia no hubiese tenido el final feliz para el resto del equipo, no tan feliz para Dean, si no me hubiese metido en tal situación con esta chica.
Ella hizo check-out aquel día y una semana después de esta historia Dean dejó la compañía. Y no, no llegó a f*** me como decía por ahí.

Fue mi primera historia relevante un mes después de llegar a Sri Lanka y créeme que me sorprendió tanto como a ti. El cómo se alinean las cosas algunas veces a nuestro favor es simplemente brutal.
¿Crees en las sincronicidades o en el Karma? Entonces no te pierdas estas 2 historias que me ocurrieron también en Sri Lanka:
Historias reales como esta repletas de sincronicidades fueron parte de mi inspiración para comenzar una carrera de maratón haciendo largometrajes.
Sobre la chica, a día de hoy me sigo preguntando si realmente sería una prostituta. Siempre quedará ese misterio. ¿Tú que crees?


